snapchat telegram no tan seguras

Que no. Que es mentira. Eso de que no hay peligro porque la foto o el ví­deo desaparece, no es verdad. Puede guardarse. Puede circular por el grupo de amigos, por la clase o, peor todaví­a, por todo Internet. Y eso no es ninguna broma ¿a que no?

Los adolescentes (y los no tan adolescentes) confí­an en aplicaciones de mensajerí­a como Telegram y Snapchat para mandar y recibir mensajes, fotos y ví­deos. En ocasiones los hacen con la confianza de que ese mensaje, foto o ví­deo puede llegar al móvil de la otra persona y desaparecer en cuestión de segundos. Mentira. Si bien es cierto que estas aplicaciones cuentan con esa función, nada impide que la otra persona pueda hacerse con una copia antes de su desaparición.

Nada impide que el otro haga una captura de pantalla de lo que aparece en el móvil. También es relativamente fácil hoy en dí­a grabar lo que aparece en pantalla desde el propio móvil, en caso de querer grabar un ví­deo que se reproduce. Y, por supuesto, más fácil todaví­a, con la ayuda de otro móvil o de una cámara que enfoca al móvil que recibe el mensaje. Las opciones son múltiples y están al alcance de cualquiera.

Las aplicaciones de mensajerí­a que apuestan por los contenidos efí­meros y seguros juegan, en ocasiones, con esa falsa sensación de protección que ofrece un sistema a prueba de hackers o un servicio de fotos y ví­deos que desaparecen pocos segundos después de haberse visto. Algo que les permite llegar a las portadas de muchos medios de comunicación como las ”˜herramientas más seguras”™ para enviar secretos o fotos comprometidas (sexting), pero que están muy lejos de proteger completamente al usuario. Prueba de ello es que las denuncias siguen sucediéndose con casos en los que un contenido privado acaba circulando por los móviles del grupo de clase o del trabajo.

Existen situaciones en las que una aplicación con la mejor protección anticiberdelincuentes, o con el sistema más privado y cerrado, no puede proteger al usuario. Incluso algunas de las aplicaciones sólo son capaces de avisar a posteriori de que la información compartida por el usuario ha quedado comprometida, como sucede con Snapchat cuando el interlocutor toma una captura de pantalla del snap enviado, a pesar de que la foto o ví­deo haya desaparecido efectivamente a los pocos segundos de abrirse. Las miradas indiscretas en lugares públicos como el metro, las grabaciones desde otros móviles o el acceso a estas aplicaciones secretas por parte de usuarios ajenos cuando nos dejamos olvidado el móvil pueden sucederse en el dí­a a dí­a. Un jaque a la privacidad y seguridad del usuario que no siempre puede protegerse, por muy segura que sea la aplicación.

snapchat telegram no tan seguras

Es por ello que, lo más recomendable, es utilizar siempre el sentido común en cada situación, y pensar muy bien si el contenido que se va a compartir puede poner en riesgo nuestro honor, privacidad o seguridad. Dedicarle unos segundos a plantearse diferentes situaciones en las que dicho contenido pueda convertirse en la razón de un chantaje con el que extorsionarnos de alguna forma por miedo a hacerlo público o de compartirlo con otras personas. O incluso por poder suponer una mala experiencia en una entrevista de trabajo o por ser un contenido demasiado accesible con una sencilla búsqueda en Google relacionada con nuestra persona.

Las aplicaciones de mensajerí­a como Snapchat o Telegram son seguras. Sus sistemas son difí­ciles de burlar por hackers. Sin embargo, siempre existen fórmulas para dar con un contenido secreto, como aprovechar un despiste del usuario. Por ello, protege tu privacidad y tu seguridad y evita compartir contenido sensible que pueda poner en riesgo tu integridad fí­sica o moral, así­ como tu futuro laboral.

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